En el día de hoy el Parlamento español ha aprobado la llamada "Ley de igualdad", que pretende ahondar en las políticas ya existentes en el régimen jurídico español para avanzar hacia la igualdad entre ambos sexos en todos los ámbitos de la sociedad. Entre las medidas que recoge la nueva ley destacan la creación de un permiso de paternidad de 15 días (ampliable a un mes en un período de seis años), la extensión del permiso de maternidad en caso de parto prematuro, así como la paridad en las listas electorales y en los consejos de administración de las empresas (se exigirá un mínimo del 40% de presencia de cada uno de los sexos).
En cuanto a las dos primeras medidas, creo que no caben demasiadas dudas sobre su conveniencia. Pero en lo que respecta a la cuestión de la paridad, ésta ha suscitado un cierto debate en algunos sectores sociales. De hecho, ha sido este elemento el que ha provocado la abstención del Partido Popular, único grupo parlamentario en no votar en positivo. Por una vez, y sin que sirva de precedente, tengo que dar la razón a la derecha española.
Bajo mi punto de vista, el fondo de la ley es completamente impecable, y es obvio que estoy de acuerdo en la necesidad de impulsar políticas de igualdad hasta lograr exterminar los conatos de machismo aún existentes en España. Sin embargo, no me parece ésta la metodología más pertinente.
La política de cupos solo ayuda a perpetuar una mentalidad
sexista, en la que las capacidades de las personas sean menos importantes que su género. No tendría ningún sentido que determinados hombres o mujeres formaran parte de corporaciones públicas o privadas como simple elementos de relleno, relegando a personas más adecuadas al ostracismo para cumplir con una legalidad absurda. En el fondo, creo que se trata de un grave retroceso en el camino de la normalización del rol sexual dentro de una España igualitaria. En este sentido, como declaraba hoy en El Periódico de
Catalunya Dolors Sardà, candidata de
Convergència i Unió en las próximas elecciones al Ayuntamiento de
Reus sustituyendo a un compañero de partido en virtud de la aplicación de esta ley, "
No sé si era necesaria, pero sí creo que cuando una mujer tiene capacidad, no precisa ese apoyo legal. Tenemos que tratar a las personas por su capacidad, no por su sexo. Si hemos progresado es porque muchas mujeres antes que nosotras han luchado, primero parar sacar adelante a sus familias y luego en otros campos. Creo más en la buena preparación que en la paridad".
Personalmente, aplaudo estas palabras y estaría encantado de que se eliminasen cupos artificiales, ya que, sin duda, quiero que la administración pública sea llevada a cabo por las personas mejor formadas, sin importar si son un 100% de mujeres o un 100% de hombres. Además, yo siempre me he dirigido y considerado a los demás como personas y no como sexos, y del mismo modo quiero ser tratado. Por todo ello preferiría que se pusiera más énfasis en cuestiones como las aberrantes discriminaciones salariales que suelen sufrir algunas mujeres realizando el mismo trabajo que sus compañeros masculinos. Eso sí es un problema real, como lo es también la dificultad de conciliación de la vida familiar con la laboral - problema que también afecta a los hombres, no seamos
sexistas -.
Son éstos, en fin, los condicionantes que debería resolver de una vez por todas una auténtica ley de la igualdad. Eso sí, por favor... que no lo resuelvan como los ingleses, que pretenden rebajar los sueldos de los funcionarios masculinos para
equipararlos a los femeninos. Que no nos tomen el pelo... ni a hombres, ni a mujeres.