
No sé si esto se va a convertir en una costumbre, pero por una vez he decidido hacer una entrada "por encargo". Hace unos días una amiga me sugería que, ya que había empezado el blog hablando de las tensas relaciones entre Turquía y la Unión Europea, podía ahora comentar qué ocurría ahora con el ultraconservadurismo católico instalado en el gobierno de Polonia. Y la verdad, el tema me tentó, aunque reconozco que me ha obligado a repasar algunos textos que tenía por casa y hacer algún que otro google.
En los últimos meses la cuestión de Polonia se ha puesto de moda en los medios por las dificultades planteadas para la reforma de la Constitución en la Cumbre de la Unión Europea de junio pasado, además de por algunas declaraciones contra comportamientos considerados poco respetuosos con la moral cristiana (véase la homosexualidad - incluso de los teletubbies- el aborto, etc.).
Polonia es un país que en toda su Historia ha afrontado enormes cambios y convulsiones, incluso hasta el hecho de ver cómo desaparecía en 1795 y no poder recobrar su estado propio hasta el final de la Primera Guerra Mundial, gracias al impulso del presidente americano Wilson y sus célebres 14 puntos. Sin embargo, pese a disponer de este nuevo status, su posición geoestratégica en medio de dos potencias como Alemania y Rusia no le permitieron desarrollarse sin sobresaltos.
Todo el mundo conoce - aunque sólo sea por referencias cinematográficas - el sufrimiento del pueblo polaco durante la Segunda Guerra Mundial. Y las consecuencias de la misma guerra, pese a haber sufrido una invasión absolutamente injustificada por parte de alemanes y rusos, no le fueron en absoluto favorables. Desde 1945 a 1989 Polonia formó parte del bloque comunista, quedando por tanto sometido a los intereses de Moscú.
La Historia más reciente de Polonia ha sido la de la reforma y consolidación de un Estado liberal y capitalista plenamente independiente. Como en el resto de países de la antigua Unión Soviética, el camino no ha sido precisamente fácil. La corrupción, la irrupción de las formas de capitalismo más salvajes y las dificultades para la transformación política e institucional han llevado a una gran insatisfacción entre los ciudadanos.
En el Dossier de La Vanguardia dedicado a "La otra Europa" (2004) la socióloga Lena Kolarska-Bobinska hablaba de la profunda desconfianza hacia la democracia y las instituciones de los polacos, salvando únicamente de la quema aquellas que representan la ley y el orden o el entretenimiento, es decir, "el presidente, la radio y la televisión, la iglesia, el ejército y la policía".
Mi reflexión inmediata al leerlo fue que, sin ser un gran conocedor de la Europa del este, parecía un diagnóstico bastante extrapolable a otros países como la misma Rusia. En efecto, parece que los tiempos de incerteza económica y social que viven estos países desde el derrumbe del comunismo derivan en la búsqueda de una mayor seguridad, de un discurso que aporte algunas certidumbres a las que agarrarse. Se trata, en definitiva, de que el suelo no tiemble tanto bajo los pies.

La salida rusa fue el autoritarismo de Vladimir Putin. La polaca pudiera ser el partido Ley y Justicia, dirigido por los hermanos gemelos Lech y Jaroslaw Kaczynsky, actuales Presidente y Primer Ministro respectivamente. Fundado en 2001, en sólo 4 años ha conseguido ser el partido más votado de Polonia basándose en una ideología ultraconservadora y ultracatólica. Entre sus propuestas estrella encontraríamos la reinstauración de la pena de muerte, la lucha contra la corrupción y la oposición a la eutanasia, la homosexualidad y las drogas.
Sin duda, un país que desea la vuelta de la disciplina y el orden, y que cuenta con un 90,5% de cristianos católicos - obviamente, con una enorme fidelidad al recuerdo del también polaco y conservadurísimo papa Juan Pablo II -, parece terreno más que abonado para este discurso. La cuestión ha empezado a llamar la atención a nivel internacional por este enroque ideológico, pero también geoestratégico - centrado en una renovada desconfianza hacia el vecino alemán y ruso, a la vez que se gestaba una incondicional alianza con Estados Unidos -. Está por ver cuáles serán las consecuencias a medio y largo plazo, pero más bien tiene pinta de que no será un trago plácido para la Unión Europea.
Confío haber estado a la altura de la petición... aunque con bastante retraso. En cualquier caso gracias por la sugerencia, y un beso para Chari y la pequeña Nur.


